EL GENERAL PERON Y EL TRATADO DEL RIO DE LA PLATA

EL GENERAL PERON Y EL TRATADO DEL RIO DE LA PLATA

Autor: Federico Lanusse

El Tratado del Río de la Plata y la solución a un antiguo diferendo

Los orígenes del tratado en vigencia se remontan al año 1971.

Durante la presidencia de Lanusse, y dentro del mayor secreto, las

cancillerías de ambos países iniciaron las tratativas, conformando

las respectivas comisiones de trabajo.

En febrero de 1973 el tratado estaba prácticamente concluido,

pero Lanusse decidió que su firma debía aguardar hasta la

instalación del nuevo gobierno constitucional, a fin de evitar que

fuera denunciado por este por haber sido aprobado durante un

gobierno dictatorial.

Es decir que cuando Perón inició su tercer mandato, la cancillería

argentina ya había analizado y aprobado los lineamientos del

acuerdo. Para cerrar las negociaciones, en octubre de 1973 el líder

justicialista envió a Montevideo al embajador Guillermo de la Plaza

en misión confidencial.

De la Plaza señala en sus memorias que recibió de Perón la

expresa directiva de poner el mayor esfuerzo para arribar a una

solución definitiva en el conflicto de límites rioplatenses. Perón

le manifestó que “el Tratado lo firmaremos en Buenos Aires,

en el medio del Río de la Plata, o en el Uruguay, si me invitan”.

Alcanzadas las coincidencias finales, Perón convocó a una reunión

en la Casa Rosada, a la que concurrió el canciller Vignes. El

encuentro duró unos diez minutos. Tras una breve exposición del

canciller, Perón examinó los mapas que habían sido colgados

sobre las paredes y formuló tres preguntas, ordenando que

de inmediato se hicieran los arreglos para firmar. Se sabe que

mucho tiempo antes de asumir nuevamente la presidencia había

manifestado su deseo de terminar definitivamente con los litigios

limítrofes pendientes con el Uruguay. El 19 de noviembre de 1973

los cancilleres de Argentina y Uruguay firmaron en Montevideo el

Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo, lo que marcó el fin

de la vieja polémica jurisdiccional entre los dos países.

La firma coincidió con el encuentro entre Perón y su colega

oriental Juan María Bordaberry, el pueblo de Montevideo recibió

con muestras de respeto y cariño al viejo líder justicialista. Dos

veces debió salir este al balcón del Palacio Presidencial a saludar

y agradecer a la multitud agolpada frente al mismo. Luego de la

ceremonia, Perón pronunció un discurso en el que señaló: “Este

instrumento que acabamos de firmar constituirá uno de los hechos

más trascendentales de la historia rioplatense. Con él eliminamos

hasta el último vestigio conflictivo en nuestros ámbitos fluviales y

marítimos que, eventualmente, hubiera podido perturbar nuestras

relaciones futuras…”

El 12 de febrero de 1974 una nueva reunión presidencial en

Buenos Aires resolvió definitivamente el diferendo limítrofe. En

esta segunda reunión entre Perón y Bordaberry se abordaron otros

problemas comunes a ambos países, entre ellos en estudio de

una unión aduanera para liberar la circulación de productos en el

Río de la Plata y el establecimiento de las bases para la eventual

construcción de un puerto de aguas profundas de explotación

común en la costa atlántica uruguaya próxima al Brasil. Bordaberry

recordaría treinta años después que en su visita a Buenos Aires

pudo conversar largamente con el general Perón, quien demostró

tener ideas muy claras sobre la integración continental y la

eliminación de las barreras aduaneras entre los países.

Las pasteras son la punta del iceberg

Pero lo que verdaderamente está en juego no es una planta de

elaboración de pasta celulósica, sino la supervivencia del Tratado

del MERCOSUR. Se trata de una cuestión de una envergadura

que supera al problema doméstico uruguayo, o provinciano de la

Argentina.

Los empresarios brasileros ya han comenzado a presionar

hacia otros rumbos. Debido a la pérdida de competitividad y caída

de las exportaciones de manufacturas, la industria brasilera, a

través del presidente de la Confederación Nacional de la Industria,

propuso en Denver y ante 200 empresarios norteamericanos, un

acuerdo de libre comercio con los EEUU, dejando en segundo

plano al Mercosur para avanzar en otros tratados importantes.

“Ahora estamos aislados, Brasil está fuera de las cadenas de

valor, dentro de poco nos pareceremos a los países de la antigua

Cortina de Hierro”, declaró el presidente de la Asociación Brasilera

de la Industria Eléctrica y Electrónica. Consultado el Ministerio de

Desarrollo brasilero, se limitó a decir que no hay ninguna discusión

en curso sobre esa cuestión.

EEUU es el segundo socio comercial de Brasil, atrás de China.

Pero a China el Brasil exporta esencialmente commodities, y

vende productos manufacturados o semi manufacturados a EEUU.

Además, Brasil sufre cada vez más la competencia china en la

venta de productos manufacturados al Mercosur. Desde el sector

empresario, sobre todo el paulista, se plantea resucitar en los

hechos el ALCA, lo que unido al avance de la Alianza del Pacífico,

que patrocinada por los EEUU ya incluye a Colombia, Perú y Chile,

aislaría casi por completo al mercado común sudamericano.

Si los gobiernos de Argentina y Brasil no hacen aún mayores

esfuerzos políticos y económicos a fin de consolidar el mercado

común, este corre ahora serios peligros de desaparecer

operativamente, aun cuando siga en vigencia formalmente.

Estos esfuerzos incluyen, por parte de nuestro país, una mirada

diferente sobre la relación con nuestro hermano país de la Banda

Oriental. Se trata de retomar el espíritu con que fue firmado el

Tratado del Río de la Plata, que gestionado en los 70’ desde la

Argentina por Lanusse y Perón, dos gobiernos sucesivos de signo

políticamente opuesto, marcó un hito básico en la continuidad de

nuestra política exterior regional.

En el mundo multipolar al que adhiere Argentina, no podemos

darnos el lujo de bastardear dicho tratado por cuestiones de

toneladas más o menos de pasta celulósica. Se requiere de

grandeza de miras por ambas partes, pero sobre todo nuestro país

debe contemplar su lugar de hermano o socio (si se prefiere la

terminología mercantil) mayor, y no olvidar nunca que la República

Oriental del Uruguay fue no sólo el suelo natal de nuestro prócer

común José Artigas, sino también y en el mismo proceso histórico,

el proyecto de estado-tapón en la Cuenca del Plata formulado

por Gran Bretaña, potencia dominante de la época. No nos

condenemos mutuamente, por no recordarla a tiempo, a repetir

aquella triste historia de desmembramiento.

La UNASUR, y su brazo comercial, el MERCOSUR, son la clave

de nuestro posicionamiento en el mundo que viene.

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